Este blog será nuestro punto de encuentro, en él se unirá la magia, los sueños, la luna y la literatura. ¿Por qué la luna? Porque es mi hogar. ¿Por qué la literatura? Porque es como único entiendo la vida.

jueves, 18 de diciembre de 2014

A ti, que no lo sabes pero te tocaré un día o me encontrarás


Dicen que a cada hombre a lo largo de su vida le tocan siete mujeres. Los hay con estrella y pueden presumir de haber tenido un firmamento iluminando su virilidad. Los hay estrellados que solo alcanzan a coger la cola de alguna estrella fugaz que pasa por su vida...y los hay que siguen la ley del siete, y la que ocupe este puesto será la mujer de su vida. Que no sufran las otras seis, puede que su hombre aún ande enredado con la quinta. 
El caso es que algún día seré la séptima de alguien y quiero ponerlo en aviso; dicen que el que avisa no es traidor, y yo haciendo esta buena obra quizá acumule buen karma.

QUERIDO VALIENTE QUE SE ENAMORE DE MÍ (Si existe)
Soy la peor batalla que hayas lidiado en tu vida. Y odio perder. Te tocará ser el cadáver en cada discusión. Pero también te digo que tengo los valores del índice de culpabilidad por encima de la media, por lo que acabaré la bronca comiéndote a besos. Soy testaruda y caprichosa (pero te haré plantearte la vida de otra forma de la que nadie es capaz). Me lo cuestionaré todo, y haré que te lo cuestiones tú también. Me pondré retos, sacarte al menos una sonrisa al día y dejar que se me escape algún te quiero sin querer (o queriendo). Soy desordenada, y ahí encontrarás las cosas que te desaparecen. Usaré tus camisetas para dormir y desteñiré alguna de tus prendas (intentaré que no sea tu favorita). Suelo tener malos días en los que lloro por todo y no quiero que me hables, pero realmente el origen de la perreta es que quiero acampar por un día entre tus brazos y olvidarnos del mundo. Sí te digo que no me molesta nada TE ESTOY MINTIENDO y cada vez que concluya una conversación con un "ah ok" revísala, porque algo me ha molestado. 
Pero también tengo días rosas, tan rosas que te pareceré un algodón de azúcar, aprovecha esos días porque te inflaré el ego... Te recordaré el por qué te amo y estoy segura que serán muchas las razones. Alabaré tu belleza y te obligaré a repetirte a ti mismo que TÚ PUEDES CON TODO. Pero los días rosas serán pocos, sabes que lo dulce repugna y es malo para la salud. 
Tengo una parte salvaje, pero eso ya lo descubrirás (no creo que te desagrade pero no es plan contarlo por aquí). 
Me encantan los libros y el frío... Pero amo el sol y los atardeceres de verano. Para enamorarme solo tienes que hablarme de la luna y te habrás ganado un pase VIP para mi universo. 
A veces tengo largos periodos de silencio, no es por ti, es que estoy abonando el alma. 
No me gusta que me juzguen ni que me celen...pero te aviso que siempre llevo flis para las mosconas que se te acerquen. Adoro los domingos de sofá y peli y que me hagan cosquillas en los pies, sentir tu mano buscando la mía en la oscuridad de la noche. 
Abrázame y bésame mucho, podría vivir de ello (y no perder la línea). 
Te defenderé con uñas y dientes, pero también te haré de espejo para que veas tus defectos y a la vez me muestres los míos... Que son...bufff, la tira. 
Soy tan difícil que a veces tengo largas conversaciones conmigo para llegar a un acuerdo. 
Pero esta soy yo...a veces dulce, a veces borde, en ocasiones llorona y en otras la alegría personificada. Unas veces juego a ser mujer y otras a ser niña. Sí decides vivir en mi locura TE ADVIERTO QUE NO SERÁ FÁCIL....pero también te advierto de que NO TE ARREPENTIRÁS. 

lunes, 8 de diciembre de 2014

Pido disculpas

Pido disculpas, porque les juré, me juré que no volvería a suceder. Hice todo lo posible por evitarlo.
Puse candados.
Pasé la llave.
Amurallé la fortaleza.
Pero de nada sirvió. Pasó.
Pido disculpas y espero redención...yo sólo quería...o no quería...pero pasó.
Fue culpa suya. Es que su voz, esa forma tan curiosa que tiene de mirarme...su sonrisa torcida. Su absurda manía de besarme los diez dedos de las manos antes de dormir, y de dibujarme letras en la espalda que yo consigo leer o me invento, pero siempre empiezan por "t" y terminan en "o"... Sí, yo también "te quiero", y te pido disculpas por ello y por este corazón testarudo y anárquico que lo ha vuelto a hacer. Me he enamorado y pido perdón. A mí por fallarme, a ti...porque probablemente te fallaré y al mundo...al mundo por las veces que lancé improperios al cielo maldiciendo al amor...y ahora me los devuelve. No en forma de lluvia ni con rayos de sol. Me devuelve amor, amor del que mueve el piso...amor con turbulencias. Amor imposible y a la vez una gran historia de amor.  
Insisto.
Es su culpa.
Porque su alma me enreda con esas caricias bañadas de inteligencia que no se borran. No. No se borran.
Porque me hace el amor desde lejos. Sin tocarme. Y consigue estremecerme.
Porque está hecho de verdades.
Porque huele a Apolo y no es mitológico, aunque sí mágico.
Porque se ha atrevido a luchar en la batalla más dura de su vida, AMARME, y puede que de esta no salga con vida...por eso pido disculpas, porque sí muere, ¿será homicidio premeditado? 
Porque yo ya sé que amarme es un suicidio, pero tú insistes, sí acepto, ¿es eutanasia? 
Estoy confundida, por eso pido disculpas. Porque con el amor no se juega, aunque él juegue con nosotros.
Porque el amor es analfabeto, o quizá la analfabeta sea yo o tú, y él, el maestro. Porque necesito que me enseñe geografía, para entender que tú allá, yo aquí y él...él en ambos lados. No sé cuánto dura el amor sí se estira. Espero que mucho porque hay unos cuantos miles de kilómetros en este sin sentido...y yo, que me estoy iniciando en esto del "running", no sé sí partir a correr hacia ti o lejos de ti. Pero pase lo que pase, YO TE PIDO DISCULPAS.


martes, 25 de noviembre de 2014

Siempre hay salida


El infierno de su alma se había convertido en su lugar favorito...allí solía escaparse a tomar café y calentarse con sus propios pensamientos convertidos en brasas. Allí las heridas escocían menos y las palabras malsonantes se derretían fundiéndose con la lava de la mujer que fue algún día. Allí fantaseaba con que su diabla interior tomase de una vez por todas las riendas de su vida...pero sólo eran eso...fantasías.
La puerta se cerró con un golpe seco, ella se sobresaltó y se abrochó los últimos botones de la camisa, no fuese él a creer que iba enseñando de más. Se alejó de la ventana que la mantenía conectada a la realidad y que tantas veces se le antojó como el fin de sus problemas (pero no, ella no era una cobarde) y revolvió el potaje que tenía al fuego.
-¿Otra vez potaje?-. Masculló.
-Sí no lo quieres te preparo otra cosa...balbuceó.
-¿Otra cosa, otra cosa? Sí no sabes hacer nada.
Él abrió la nevera y sacó una cerveza. Le quitó la tapa con los dientes y la escupió al fregadero. Bebió un largo trago, se limpió la boca con la manga de la camisa y salió de la cocina gritando: -Tengo hambre, ¡Muévete!
El infierno de su alma se convirtió en escarcha. Permanecía helada (a pesar de los treinta y dos grados que marcaba el termómetro de la cocina) inmóvil intentaba adivinar qué podía desear para comer, qué le apetecería...pero nunca tuvo dotes de adivina, hechicera o bruja puesto que nunca acertaba en sus cavilaciones. De haberlos tenido habría visto el día de su boda que el príncipe de su cuento tenía escamas en lugar de sangre azul, una mazmorra y no un precioso castillo, y no la llevaría en brazos por el umbral de la puerta sí no que la metería a patadas. No, decididamente, no tenía dotes de adivinación.
-¡Esperanza! ¿ Dónde está la puta comida? 
Con un baile anormal en el pulso de sus manos vertió dos cucharones de potaje en el plato, con sumo cuidado se dirigió al salón y lo dejó sobre la mesa auxiliar donde a él le gustaba comer mientras veía las noticias y criticaba las desgracias del mundo. El silencio se hizo notar como la calma que precede a la tormenta. Perfecto alzó la mirada, -¿otra vez potaje?-. Esperanza no tuvo tiempo de retirar el plato e ir en busca de cualquier otro alimento que lo satisficiera. 
Nunca le gustó el color rojo, siempre lo consideró demasiado llamativo y exhuberante. Ahora salía de su nariz y de su boca (como tantas otras veces) y un surco alrededor de su ojo comenzaba a extenderse a lo largo y ancho de su rostro como un tsunami arrasando con su belleza. Perfecto comía en silencio el potaje mientras veía los resúmenes del fútbol. Volvió a mirarse al espejo, ¡qué mal le sentaba el rojo! Se volvió a refugiar en el infierno de su alma, su diabla interior estaba un poco atolondrada...-¿Pero tú te has visto? El rojo nunca ha sido nuestro color ni el negro, nosotras somos más de rosa y de purpurina, ¿acaso lo has olvidado ya? ¿Cuánto hace que perdiste la esperanza, Esperanza? 
Volvió a mirar hacia el salón, se volvió nuevamente hacia el espejo. Su diabla seguía hablando. -Venga, atrévete, sí lo estàs deseando. Concédenos la libertad que nos merecemos.
Perfecto se acercó a ella cabizbajo.
-Esperanza, perdóname, sabes que no soporto hacerte daño, me pongo muy bruto, no sé que me pasa. ¡ven, siéntate conmigo!-.
-¡Enseguida voy! 
-Venga, Esperanza, hazlo por nosotras, siempre hay salida-. La incitaba su diabla.
Esperanza cogió el jarrón de porcelana que le regaló su madre cuando se casó. Se persignó y le pidió perdón a Dios. Caminó hacia el sofá y lo hizo añicos contra la cabeza de su esposo. Este quedó semiconsciente. Buscó en sus bolsillos y encontró las llaves de la puerta. Abrió con manos temblorosas y salió a la calle. Corría, huía de él y de ella, de su diabla interior que ahora deba palmadas y danzaba feliz, cambiando el tridente por alas y los cuernos por una aureola. Llegó a la policía y se entregó no sabía bien sí como víctima o como verdugo, pero cualquier cárcel sería mejor que el miedo.

domingo, 9 de noviembre de 2014

Hay días...

Hay días de lluvia en los que te necesito, y me veo naufragando en mi llanto. Luego sale el sol y con él el arco iris, y me sereno.
Hay días de viento que revuelven tu recuerdo y por más que intento retenerlos se escapan por la ventana y desde la lejanía me hacen un guiño.
Hay días de calor que me dilatan las ganas de llamarte, aunque sé que no estarás al otro lado, y de repente una enorme nube gris se posa en mí y me llueve encima. Hay días de inmensa calma y días de tormentas torrenciales...pero realmente lo que hay son noches llenas de tu vacío, llenas del eco perpetuo de tu voz que choca contra las paredes de esta casa. Llenas de besos, de lunas y de te quieros flotando en el ambiente. Hay noches en las que me arropas y otras en las que me arañas el sueño. Y es que contigo o sin ti, no hay noche sin desvelo. 

domingo, 2 de noviembre de 2014

El mar y yo

El mar tenía ganas de mí y yo tenía ganas de sal. Después de un tímido tonteo con miradas, rubor en mis mejillas y en el ir y venir de la espuma de las olas, indecisas en el proceso de cortejo, nos fundimos en un abrazo. Él me meció en el vaivén de sus caricias sin dejar recoveco de mi cuerpo huérfano. Yo me dejé hacer, naufragué en su calma y floté entre burbujas que se me antojaron de colores. Como único testigo el sol, quién aumentaba esta pasión con sus cálidos rayos, dibujando arco iris transparentes que hacían de puente entre un cielo y un mar no tan lejanos...Y yo dejándome hacer el amor por la brisa, por la sal, por el mar y por tu recuerdo desdibujado.

sábado, 11 de octubre de 2014

Poema del día después

Quizá bastaban las ganas y sobraba la ropa.
Quizá era suficiente con cerrar los ojos y abrir las piernas.
Quizá era mejor el silencio incómodo que las palabras vacías y usar la lengua para llenar recovecos de una piel que ardía. 
Quizá deberíamos haber dejado a los dedos descifrar las estrías de tu cuerpo por donde se escapaban los sueños. O bebernos el sudor que latía en tus adentros.
Quizá hubiese sido suficiente con gozar menos y sentir más o gozar sin sentir o simplemente fingir ¡ya qué más da!
El problema viene al despertar e intentar recoger de una cama desordenada las caricias malgastadas. Al darte cuenta que hay besos agonizando por la habitación, que salieron de tu boca con pasión y se quedaron por el camino buscando la mía. Pero es que hace tiempo que yo tampoco la encuentro. El problema viene en la despedida, en las miradas que se esquivan y otro cuerpo que se va a medio vestir, con prisa, y sin nombre. Porque son tantos que estoy por hacer una nomenclatura. Porque no sé ni cómo me llamo yo. Me habré perdido en el fondo de alguna botella donde me ahogó el alcohol sobreviviendo mis penas. 

jueves, 9 de octubre de 2014

Hoy me dio por ser valiente



Hoy me dio por recordar. Rectifico. Hoy me dio por ser valiente. Después de ciento cuarenta y dos días, hoy vengo a ser valiente. 
Después de ciento cuarenta y dos días mirando a otro lado con fingida indiferencia y echándote de menos en cada momento, hoy me permito ser valiente. Tú no me hubieses permitido este derroche de cobardía. Hace harto rato que me habrías zarandeado por los hombros (con amor, porque todo lo hacías con amor) y me hubieses despertado de este letargo. Es que creía que jugando a hacerme la fuerte te borraría de mis recuerdos...y de mi corazón. Pero tú, que siempre fuiste un paso por delante, usaste tinta permanente y te aseguraste de ganarle la batalla al olvido. Te ha funcionado. Ya puestos podrías haber sido eterno y ahorrarme el sufrimiento. 
Ciento cuarenta y dos días al lado de todos los que vivimos no es nada ¿verdad? El problema está en los que quedan por venir. 
Hoy me dio por ser valiente y se me desató la lengua, y tú, que permanecías atado al silencio de mi alma, te escapaste y te hiciste notar en todas las conversaciones. Y con tu nombre, también se apuntaron a la tertulia ( que más bien era un monólogo) las lágrimas. Luego vino la ira que me llevó (a pesar de lo bien hablada que soy) a insultar a la vida e incluso alcanzó el de arriba (con el que estarás ahora) pídele perdón de mi parte, pero a alguien tenía que culpar de semejante injusticia, y siempre alcanza él ( ya arreglaremos cuando me toque a mí estar ahí).
Debe ser la luna llena que me transformó en lobo y me dio la valentía de aullarle tu nombre a la luna (te he colocado ahí) y he aprendido a caminar sin tropezar mientras miro al cielo en busca de tu sonrisa. Realmente he aprendido a no tropezar porque ya no estás para levantarme. Y te aseguro que en ciento cuarenta y dos días ha habido tropiezos dignos de una buena "hostia" de esas que te hacen permanecer en el suelo...probablemente tú te habrías acostado a mi lado y nos hubiésemos reído juntos. Me habrías secado las lágrimas y obligado a levantar. Pero intento no hacerlo en honor a ti...odiabas que permitiera que me hicieran tropezar y más aún caer. Así qué ando por la vida bien erguida y como tú me decías "con la cabeza alta". 
Hay tantos tipos de amistad como humanos en el mundo...pero ninguna como la nuestra, tan resistente que sólo nos separó la muerte (ni siquiera todos los que lo intentaron) sólo la soberana. 
No sé ni por qué te escribo, será porque según tú es lo único que sé hacer (me caló hondo esa broma, ¿has visto?). Realmente te escribo porque sí verbalizase lo mucho que te extraño me tildarían de loca, y no es plan de ir hablando sola por la vida aunque tenga la sensación de que sigues aquí conmigo. 
Creo que hoy me dio por ser valiente porque me haces más falta que nunca y no estás...y no vendrás corriendo como antaño a mi lado cada vez que lo precisaba. 
Tal vez me dio por ser valiente porque las personas mueren cuando dejas de recordarlas...Y amigo mío, yo quiero que seas inmortal.

lunes, 6 de octubre de 2014

Antología de una prostituta 12


El aire de la noche pesaba. Estaba más caliente que de costumbre. Vicio daba vueltas en la cama. Miró el reloj, eran las dos. Rodrigo dormía plácidamente. Se levantó y fue hasta el balcón. Inspiró el aire de la madrugada. La belleza de la noche la calmó. Ante ella un inmenso manto negro decorado con destellos brillantes. En el centro la luna llena que la desnudaba con su luz. Ahora lo tenía todo en la vida, incluso esa sensación de vacío. Le llegó olor a tabaco. Se giró creyendo que Rodrigo se habría despertado al notar su ausencia, pero no, seguía dormido. El olor procedía del piso de abajo, se inclinó un poco más sobre el balcón y lo vio. Allí estaba Cuco. Sintió un escalofrío que le invadió todo el cuerpo acompañado de un cosquilleo en el estómago y el calor ahí abajo. Él le sonrió y le hizo un gesto para que bajase. Titubeó, terminó cediendo. Se puso la sobre camisa de seda rosa a juego con la tentación y salió del cuarto intentando no hacer ruido. Llegó al jardín. Cuco le ofreció un cigarro. Fumaron en silencio observando como el humo se deshacía con el aire. Él se levantó y Vicio lo siguió. Entraron en su habitación y Cuco la agarró del cuello. Los ojos de ella brillaban. Le encantaba aquella mujer desde el día que la encontró en la calle Molino de Viento fingiendo ser una sudamericana con acento canario. La adoraba a pesar de saber que era la mujer de su jefe, y estaba dispuesto a desafiar a los narcos y a la mafia por dormir en su entrepierna. Vicio jadeaba. Sabía que estaba jugando con fuego, que sí los descubrían acabarían convertidos en ceniza, los dos. Pero una vez que sus manos entraban en contacto con su piel disipaba el miedo. La cogió y la apoyó contra la pared. Ella enredó sus piernas alrededor de su espalda, le rodeó el cuello con los brazos y lo besó. Demasiado suave. Temió estar enamorándose. Quizá ya era demasiado tarde. Apartó ese pensamiento, ella no había nacido para amar. Sintió como le apartaba el hilo de la braga y entraba en ella. Gemidos. Apoyó una mano en la pared y con la otra la agarraba de los muslos. Bailaba en su interior con violencia mientras con su lengua recorría sus pezones. Vició echó la cabeza hacia atrás. Quería gritar. Lo empujó como pudo y se zafó de él. Cuco tenía la mirada desbocada. La jaló del pelo.
-No hagas eso-. Gruñó.
-Ahora me toca a mí. Tú no eres quien manda. 
Lo empujó y se dejó caer sobre la cama. Vicio se arrodilló y comenzó a recorrer su cuerpo con dedos juguetones. Llegó hasta la parte más dura de su cuerpo y con una media sonrisa acercó su boca. Pasó su lengua y notó su estremecimiento. Jugó con ella durante un largo rato hasta que la excitación de Cuco fue incontrolable. 
-Ven aquí.
La tumbó boca abajo y la penetró, le levantó la cabeza para poder verla disfrutar. Jugaba a su antojo con su cuerpo. Vicio se incorporó como pudo quedando a cuatro patas y dejándolo saciar sus ansias. Lo oía lanzar improperios y palabras guarras que incrementaban la dilatación de su sexo. 
-Vicio, dónde estás.
La voz de Rodrigo los devolvió a la realidad. Vició lo miró. Cuco le indicó que guardara silencio. Se levantaron y se vistieron torpemente.
-¡Cariño!
La voz de Rodrigo se escuchaba demasiado cerca. Le señaló la ventana que daba para el jardín. Dos toques en la puerta la bloquearon. 
-Cuco, ¿estás despierto?
Le hizo un gesto de desesperación a Vicio y ella salió. Con fingida voz soñolienta le contestó a su jefe.
-¡Pasa! 
-Siento molestarte, pero no encuentro a Vicio. ¿La has visto?
-No, jefe, estaba dormido. Estará en algún lugar de la casa ya sabe cómo son las mujeres-. Cuco intentaba ganar tiempo. 
-Cariño, ¿ocurre algo?
Vicio apareció detrás de Rodrigo con un vaso de leche en las manos. 
-¿Dónde estabas, mi amor? 
-Salí a pasear por el jardín, hace demasiado calor y pasé por la cocina a por algo refrescante. 
Rodrigo la atrajo hacia él y la besó. Cuco apartó la mirada. 
-Vámonos arriba, ya que me he desvelado podríamos...
Vicio lo siguió. Se compadeció de la ira que reflejaba la mirada de Cuco. Cuando vio que se alejaban golpeó la pared. No podía soportar imaginárselos juntos. Imaginarla con otro. Aquello tenía que acabar. Vicio tenía que ser sólo de él.

jueves, 2 de octubre de 2014

Conviértete en un buen recuerdo


Llovía. Llovía como en esos días de enero en los que el cielo se cubre de melancolía y llora. Llora hasta empapar nuestros corazones hambrientos. Corría el agua. Corría como en esos desastres naturales. Huía.
 Huía el agua como huyen las lágrimas…que escapan del dolor.
Hacía frío. Pero no el frío de la ausencia de tu cuerpo al amanecer cuando abandonas tu lado de la cama. Ese frío que cala hondo, que paraliza y entrecorta la respiración. Hacía un frío que presagiaba la helada que convertiría en escarcha mi alma a partir de ese  día.
Fumaba, como de costumbre, mi puro de las siete de la tarde acompañado de una copa de Drambuie. Una hoja en blanco ante mí, la musa dormida y tú… ¿Dónde estarías tú? Un relámpago iluminó el estudio de muebles caoba y altas estanterías repletas de libros. Las agujas del reloj jugaban a correr en contra del tiempo…y tú que no llegabas. Sonó el teléfono. Un timbre, dos, tres…Refunfuñé. Me pregunté para qué demonios le pagaba tanto a una criada incapaz de llegar a coger el teléfono. -¡Adela, el teléfono!-. Le grité. Y recordé tus ojos esa misma mañana cuando me recriminaban en silencio que últimamente siempre estaba de mal humor. Me lo decías en silencio porque ya poco me hablabas. Te habías convertido en una sombra sigilosa que rehuía de mí. Pero es que esta novela…los plazos…la editorial, y yo sin historia.
Te fuiste sin despedirte. Sin un “te quiero”. Sin esos dulces besos tuyos. ¡Ay! Tan cálidos. Tan sabrosos. Con tu olor a canela. Tu sonrisa torcida y tu lengua… ¡Sí, tu lengua! Juguetona, a veces sumisa, tan mía…Pero no, ese día te esquivé.  Estaba tan furioso por todo y a la vez por nada. ¡Quiero tus besos! ¡Los quiero ya!
Tres toques en la puerta.
-¡Pase!
Adela lloraba con el teléfono en la mano.
-Ridícula mujer-. Pensé. –No le pago para que llore-. Entonces lo entendí. Tú que no llegabas. El teléfono. Las lágrimas de Adela…
-Alicia ha m…-. La mandé a callar levantando la mano. Lancé la copa contra la pared. Los restos de Drambuie resbalaban por ella. La pared lloraba. En esta casa todo te llora.
Ya tengo historia. Aunque a ti ya no te tengo. Es la historia de los besos que no te di…y que no podré darte nunca.
Mañana es el gran día…fans, autógrafos, la presentación en sociedad de “Los besos que no te di están cerca”. Y luego, en el vacío de esta casa me reuniré contigo…Y ahí, donde quiera que estés, adonde quiera que yo vaya, no habrá malos humores, sólo tu boca y la mía…y la eternidad de tus besos.
Moraleja: El tiempo no vuelve. Las personas tampoco. Nunca podrás volver a dar los besos que no diste. Siempre es tarde para un “te quiero” no dicho a tiempo, que guardaste para… ¿Para cuándo? Los “te quiero” no se guardan ni los besos, tampoco los abrazos. Son gratis, no escatimes. Aunque sean gratis tienen un valor inigualable: el valor de hacer feliz a alguien. De volverte inmortal y convertirte en un buen recuerdo. El orgullo, la ira y los malos humores te convertirán en alguien a quien no querer recordary ese es el peor castigo para un ser humano.





jueves, 25 de septiembre de 2014

Plazo cerrado


Hasta hoy te esperé. ¿No lo sabías? Pues sí, hasta hoy te esperé. Ya lo sé, he estado ausente...pero te tocaba mover a ti, yo hice la última jugada. Esperaba la tuya, el jaque...y se lo has dado, pero a mi corazón. JAQUE MATE. 
Esperé, ansiosa paseando por las habitaciones de esta casa, jugando al escondite con tu ausencia, perdiendo siempre...encontrándote nunca, que aparecieras. Que te manifestaras como el ángel que siempre te dije que eras. Pero no, la magia no existe y los ángeles tampoco. Así que hoy, un día de finales de septiembre, un día cualquiera para tantos e inolvidable para mí, un día de otoño, donde se empezarán a caer las hojas de los árboles como tus recuerdos de mis dedos, HE CERRADO EL PLAZO, el plazo de que vuelvas a inscribirte en mi corazón, de opositar para mi alma o comprar mi piel. Ya no hay vuelta atrás ni prórrogas. 
He vuelto a ponerle pilas al reloj, le he devuelto la vida al tiempo y recuperado los días de mi calendario...hasta ahora todos latentes, esperando tu regreso. 
Hoy me desenredo de los sueños que quería vivir contigo...eran tantos y se cumplieron tan pocos. No te gustaba a ti eso de soñar, y yo no quería permanecer despierta. Tal vez porque me daría cuenta de la realidad y de las mentiras, y como duelen esas últimas. 
Hoy me despido de tus besos tatuados en mi herida con rotuladores carioca...ni siquiera permanentes, hasta en eso te descuidaste. 
Hoy empaco tus caricias en mi espalda, tus susurros a media noche y la careta que usaste conmigo y los echo a la mar, que naveguen a la deriva como mismo vas tu por la vida, SIN RUMBO. 
Hoy me doy cuenta que el lenguaje tiene licencia, licencia para desnudar  a un ánima con verdades que la lleven a la luna. Licencia para mentir y destruir ilusiones de color blanco. Licencia para escondernos detrás de lo que deseamos ser y no somos. Licencia para matar. 
Hoy ya no merece la pena decirte lo que quería ser para ti...tu mejor amiga, la mujer que te erizara la piel con un suspiro. Esa que te regalase caricias hasta que te sumieras en un sueño y soñaras conmigo. Esa que viviese continuamente en tu pensamiento, la que aceleraba el reloj para volver a estar a tu lado. La que te daba los besos más puros...sufría en tus derrotas y saltaba de felicidad en tus éxitos. Esa que parecía no tener carácter porque prefería darte amor, que aunque no son incompatibles, yo me decanto por el segundo. La mujer que quería experimentarlo todo contigo (lo bueno y lo malo) estar en tus silencios...y a pesar de tus rarezas y tus cambios de humor, estar CON-TI-GO
Pero eso ya está de menos y yo de más. Se acabó el columpiarme en el "te echo de menos"...que te echaré, pero tú no lo sabrás, porque estos son los últimos versos que te escribo.
SE CERRÓ EL PLAZO de esperarte...porque no soy la única que te esperaba y tú ya has hecho tu elección. 

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Huida hacia el señor 4


Tocaron varias veces el interfono pero nadie atendía a su llamada.
-Te lo dije, macho, esta gente nos está vigilando desde algún lugar y no quiere abrirnos.
-Shhh.
Mario iba vestido con su traje de Armani reservado para grandes ocasiones. El pelo engominado, gafas de sol y exceso de perfume. Luis estaba nervioso, llevaba una cámara de fotos colgada del cuello, vaqueros desgastados, y gafas de aviador. Daba el pego, parecía un periodista de mundo.
-Convento de Las Hermanas Marianas, ¿en qué podemos ayudarle?
Mario se aclaró la voz.
-Hola, estimada, mi nombre es Mario Ruiz, soy el Presidente del Partido Político Católico Liberal, me gustaría hablar con la madre superiora. Como sabrá estamos en plena campaña y quiero hacer un donativo (jugoso) a su congregación, ya que mi partido vela por los derechos de los que dedican su vida al prójimo.
Luis miraba con asombro a su amigo. ¿De verdad creía que se iban a tragar semejante chorrada? ¿Partido Católico Liberal? Estaban jodidos…al otro lado del interfono se escuchaban cuchicheos imposibles de descifrar.
-Empuje y pase, por favor.
Ambos entraron al amplio jardín que se escondía detrás del portón. Luis continuaba boquiabierto mientras que Mario, con andar altanero, fanfarroneaba de sus habilidades. Una monja de mediana edad los recibió.
-Hola, soy la hermana Asunción, la madre superiora vendrá enseguida. Tomen asiento.
Los jóvenes se sentaron mientras observaban el lujoso salón. Sillones con piel de ante, candelabros bañados en oro, amplios ventanales. Demasiado lujo para un grupo de mujeres que no hacían nada.
-¿Entiendes ahora lo que te decía el otro día? Todo esto que ves lo pagamos nosotros con nuestros impuestos. ¡Son unas vividoras!
Mario hizo un gesto de desdén al volver a fijarse en los detalles del lugar.

-¡Pase!-. Gritó la superiora.
Sonia volvió a entrar a aquel horrible lugar. Volvió a bajar al infierno. La madre superiora, como el perro de Pavlov al oír la campana, comenzó a babear. Se acercó. Sonia permanecía inmóvil. La olió.
-Así me gusta, hermana, que sea obediente y atienda a mi llamada. Serás una buena monja. Obediente, fiel, sumisa, dedicada a los demás aunque no te satisfaga lo que haces…o lo que te hacen. No debes olvidar que has entregado tu vida a servir al prójimo.
La joven aspirante a monja sentía su fétido aliento impregnando su cara. La madre superiora le metió la mano debajo de la túnica y recorrió, en un camino ascendente su muslo, hasta que llegó al rincón caliente del cuerpo de la muchacha. La acarició. Jugueteó con su zona erógena y le introdujo dos dedos. Cerró los ojos y se estremeció. Sonia estaba aterrada. No podía moverse. No entendía cómo aquella vieja decrépita podía paralizarla. Bastaba con empujarla y salir corriendo, huir de aquel infierno ajardinado. Pero tenía miedo. Miedo de las monjas que bailaban al son de la hermana superiora. Miedo de ella. Miedo de la vida, que ya la había tratado demasiado mal y no parecía tener intención de darle una tregua. Cerró los ojos y se desmayó cuando sintió los labios malolientes y resecos sobre los suyos.
Se pusieron de pie cuando vieron a la madre superiora acercarse alisándose la parte delantera de la túnica. A su lado una joven caminaba con la cabeza baja. Luis pudo identificarla mientras se acercaban.
-¡Es ella, es ella!
-¡Relájate! Nos van a descubrir.
-Hola, muchachos, soy la madre superiora, me ha comentado la hermana Asunción que quieren hacer un donativo. No es necesario. Nosotras vivimos de la caridad, buen hombre. ¿Por qué desea hacernos ese generoso regalo?
Luis no podía apartar los ojos de Sonia, percibió en su rostro que había estado llorando. Quiso gritar y pedirle justicia a Dios. Por qué lloraba, qué le habían hecho.
-Y este señor, ¿quién es?-. Preguntó la monja al ver como Luis no apartaba la mirada de su monjita.
-Es un amigo periodista, hará algunas fotos del momento en el que yo le entrego el cheque, ya sabe como es la política, hay que vender. Ustedes ganan y yo también.
La monja accedió a regañadientes, no le gustaba que mirasen así a su dulcito. Pero otro de sus vicios era el dinero, y aquel aspirante a alcalde parecía querer hacerle un buen regalo.
-Muy bien, pero que sepa que no puede hablar con la joven. Aun no se ha iniciado en el periodo de noviciado, no debe hablar con hombres.
Los chicos aceptaron. Luis estaba rabioso. Notaba, por la mirada de la joven, que no estaba bien. Creyó leerle en los ojos la palabra auxilio. Comenzó a hacer fotos. Del lugar, de la reunión de Mario con aquella vieja que carecía de rostro angelical y de Sonia. Fotos y más fotos de Sonia. Necesitaba hablar con ella, pero notaba los ojos inquisidores de la superiora sobre él.
-El baño, por favor-. Le preguntó a una de las hermanas que podaba un rosal.
-Al fondo, a la derecha.
Luis escribió con rapidez en un trozo de papel higiénico. Salió del baño y mientras la madre superiora miraba ensimismada el cheque con diez miel euros que le había entregado Mario, se acercó a la joven y le puso, con disimulo, el papel en la mano.
-Bueno, una última foto y hemos concluido con la visita. Gracias, hermana, siga haciendo esta hermosa labor. Rece por mí, seré un buen alcalde, se lo prometo-. Sonrió y miró al cielo.
La anciana los despidió con una sonrisa de satisfacción. Sonia continuaba mirando al suelo. Abatida. Pero en su interior se había prendido una llamita. Tal vez ese joven…quizá Dios había atendido a sus plegarias. Deseaba estar sola y poder ver qué contenía aquel trozo de papel.
-¿Has visto como te miraba ese joven? Te deseaba. Pero eres mía. Y sólo yo puedo acceder a ese juguito que tienes entre las piernas. ¡Guarra!
Sonia rompió a llorar y corrió a su cuarto. La maldad de la hermana superiora no tenía límites. La monja que continuaba podando las rosas miró apenada al ver como la joven huía. Sabía el motivo.
-¿Qué miras? ¡Continúa con tus quehaceres!-. Le gritó la superiora.
Luis estaba nervioso. Sentía que se desgarraba por dentro al alejarse de aquel lugar sin ella. Algo malo estaba sucediendo, pero estaba dispuesto a enfrentar al demonio por sacarla de aquel lugar.
-¿Y bien? ¿Me crees o no? Son unas víboras. Por cierto qué le pasaba a tu princesita, estaba llorando. La madre superiora no le quitaba ojo. Qué cosas más raras.
-Sí, lo sé. Le dejé un mensaje escrito en un papel.
-Pues a esperar, amigo.

Luis golpeó el salpicadero del coche. No quería esperar. Pero debía hacerlo. Las cosas darían un giro inesperado…


miércoles, 17 de septiembre de 2014

Micro cuento

MICRO CUENTO
Me duele el corazón, y no padezco insuficiencia cardíaca. Me duelen las tristezas que se cuelan en los ventrículos, acampan en las arterias y hacen llorar gotas de sangre a las venas. Se contrae con los recuerdos y se dilata con el olvido. Cada latido anhela tu aliento cerca de mis labios ansiosos por volver a besarte antes de exhalar un último suspiro. Un insensato deseo que ha conducido a la muerte a un corazón bondadoso.


martes, 16 de septiembre de 2014

Rumbo a nuevos mundos


En un intento por NO olvidarte le cambié el rumbo al viento, quien obstinado por baldosar tu recuerdo, me susurraba facundia lacerante. 
Yo, vestida del candor que engalana las cosas del querer, cerré mis ojos, batí mis alas y volé a tus tierras. 
Empeñé mi corazón y mal vendí mi alma, y en nombre del amor lidié batallas perdidas de antemano. 
Con las ropas sucias y la dignidad marchita, me siento en el filo del revés y sacio mis ansias de respuestas con la calma del fracaso...y dejo hablar al viento...quien desnuda las falacias y susurra hirientes certezas (conscientemente ignoradas) de que otro cuerpo nacarado y cabello rubicundo, prende tus sábanas. 
Le sonrió al éter con nobleza, y dejo que se lleve el rencor, entendiendo que hay mentes tan prodigiosas capaces de agasajar corazones con la boca llena de SUCIOS te quiero. 
Ahora que lo entendí...que TE entendí (lejos de tolerar), me cansé de esperarte. Me levanto. Miro al cielo. Juego al despiste con la luna. Me sacudo tus mentiras, y con paso firme y experimentado (pero no escaldado) pongo rumbo a nuevos mundos llenos de verdades.

lunes, 15 de septiembre de 2014

viernes, 12 de septiembre de 2014

La cantautora que olvidó su sueño


Las campanadas del antiguo reloj que colgaba de la pared le indicaron que llevaba más de una hora allí sentada llorando. Llorándole. Llorándose. Ya no quedaba nadie en la casa...ni nada. Una casa vacía y a la vez llena de recuerdos derramados en las esquinas. De carcajadas que habían compuesto el silencio que ahora se hacía escuchar. De sonrisas cómplices, miradas largas, tardes de lluvia y algún que otro enfado. Ahora a su alrededor no había nada y lo halló todo. Se encontró a sí misma perdida en la sombra de otro. Andando los desandados pasos del desamor (otra vez). Maldijo a Dios. Maldijo el refrán: "amarás a tu prójimo como a ti mismo". Fiel cristiana hasta el momento, en un acto de rebeldía, se juró que sí sobrevivía, sí conseguía armar los pedazos que la componían (ahora descompuesta) sí dejaba de fingir sonrisas externas mientras en su interior seguían sangrándole las heridas, SE AMARÍA A SÍ MISMA COMO ERA CAPAZ DE AMAR AL PRÓJIMO. 
La casa se oscurecía. El cielo se teñía de negro. En su pecho anidaba un nudo. Sus ojos navegaban en un mar salado. Su sonrisa se tornó taciturna, y una vez más habló su corazón herido. 
El séptimo escalón de aquella escalera que fue testigo tantas veces de las prisas, de la pasión, de las ganas de ambos de saciarse, de amarse e hicieron de lecho sobre el que comerse a besos, "reacariciarse" con la inocencia de las primeras veces, de los reencuentros y las reconciliaciones, estaba lleno de soledad. Sintió el frío de la ausencia. Su guitarra (lo único que conservaba) la invitó a rozarla. ¿Cuánto llevaba sin hacerle el amor a la música, culminando en orgasmos melódicos que se convertían en número uno de ventas? Mucho. Cada vez que se enamoraba apalancaba sus sueños. Se adormecía y vivía mecida en los del otro. 
Cogió la guitarra, colocó sus dedos tocando el acorde mayor y le cantó al dolor. 
CANTO AL DOLOR
Son tantos los besos que no me diste que mis labios vírgenes continúan hablando de ti.
Caricias gastadas en camas ajenas,
mentiras cantadas a voz de verbena,
¡ay, ven y quédate! 
Son los silencios los que hacen demasiado ruido, no quieren callar. 
Intento engañarlo cerrando mis ojos, trayéndote aquí en un recuerdo loco,
¡ay, ven y abrázame!
Y sigo pensando en ti,
dibujándome a unos ojos que no me quieren ver,
reteniendo sentimientos que no llegaron a nacer,
atada a ti y al recuerdo de tu piel,
sabiendo que alejarme formaba parte de este querer,
que sigue grabado en mí sin formar parte del ayer.
Cuento las horas que pasé enredada en tu cuerpo y me vuelvo a perder.
Mi alma y la tuya se encuentran y lloran, se besan, se abrazan, la pasión aflora,
¡ay, ven y ámame!
Despierto en la noche gritando tu nombre, no estás, ya no existes y no me respondes,
¡ay, ven y rescátame!
Y sigo pensando en ti,
dibujándome a unos ojos que no me quieren ver,
reteniendo sentimientos que no llegaron a nacer,
atada a ti y al recuerdo de tu piel,
sabiendo que alejarme formaba parte de este querer,
que sigue grabado en mí sin formar parte del ayer...parte del ayer...parte del ayer...
Su voz se convirtió en un susurro y los acordes de la guitarra se fueron apagando. Fuera llovía. Dentro también. 

martes, 9 de septiembre de 2014

Tengo un deseo

Tengo un deseo:
Quiero ser como la luna...ahí está, en lo alto, haciendo gala de su majestuosidad...a veces se esconde, no por cobardía, su grandeza necesita de esos retiros para volver a brillar con humildad y deleitarnos nuevamente con su esplendor. 
Quiero ser como la luna, objeto de deseo, baúl de secretos, cuna de sueños y columpio de soñadoras.
Quiero ser como la luna, silenciosa y observadora...amante de los enamorados, compañía de los solitarios, testigo de las lágrimas y musa de los artistas. 
Quiero ser como la luna...iluminarlos a todos en un abrazo de luz, y hacer como ella, no dejar que nada ni nadie la oscurezcan. 

lunes, 8 de septiembre de 2014

Decálogo de una loca

Nunca me gustaron las normas ni las leyes, al final nadie las cumple pero todos las predican. Yo soy más de ilusionarme y reilusionarme cuando ya no hay esperanzas...de creer en lo que nadie cree y luchar en batallas perdidas, de confiar en lo imposible y desconfiar de lo posible...no me gustan las normas pero sí los decálogos, esos que me dicen sólo a mí lo que tengo que hacer. Empieza la cuenta atrás, la recta final del año...donde muchos sueños se han quedado atrapados en los hilos de la cobardía. Donde vagan corazones rotos (rotos, no muertos) donde el exceso de amor ha separado en lugar de unir (sí, ocurre) aunque en el prospecto se hayan olvidado de poner que tomar las decisiones adecuadas no garantiza el olvido ni el desamor. Es nuestra última oportunidad de cumplir aquello que prometimos mientras nos atragantábamos con las uvas y vibrábamos con las doce campanadas (bajar de peso, cambiar de trabajo, viajar...) es nuestra última oportunidad de ser fiel a lo que deseamos hace doscientos cincuenta días y nos quedan sólo ciento quince para cumplirlos. Ponte las pilas, súbete a los patines, abre la ventana y grita...yo ya tengo mi decálogo: 
DECÁLOGO DE UNA LOCA:
1-Prometo no desquererte (aunque tú no lo entiendas).
2-No dormir nunca y soñar siempre.
3-Amar muchísimo a todos aquellos que me odian.
4-Escribir cada día de mi vida (de todas mis vidas).
5-Perdonar lo imperdonable y entender lo ininteligible.
6-Hablarle a la luna cada noche aunque sólo me responda con un guiño, y dibujarla a diario en mi rostro  a modo de sonrisa.
7-Llorar, pero no ahogarme en mis propias lágrimas.
8-Proporcionar la medicina del alma (la que no se vende en farmacia ni recetan los médicos) LOS ABRAZOS, pienso abrazar a todo aquel que me lo pida y así abrigar sus penas.
9-Empezar de cero cuantas veces sea necesario y sí pierdo la cuenta vuelvo a empezar.
10-SERME FIEL, aunque me invada la tristeza y me azote la soledad...aunque viva de recuerdos y me alimente de "ojalás".
Te quedan pocos días, suficientes horas y muchos sueños por cumplir. ¡Arriesga!

sábado, 6 de septiembre de 2014

Mírame

No me mires con los ojos que no me ven...mírame con el alma que me reconoce a oscuras. No me acaricies con tu piel que no me siente... Acaríciame con el corazón que me intuye entre la multitud. No me hables con tu boca que no te entiende...bésame con pasión y podré comprenderte. Vísteme de verdades que las mentiras me aprietan. Ámame sin proponértelo con la duda y la certeza.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Sonríe, mujer

A ti, mujer, sonríe:
A ti, que intentas disimular las lágrimas coloreando las pestañas con un toque de rímel negro.
A ti, que te perfumas las tristezas con Chanel número cinco.
A ti, que te arrancaron un hijo de las entrañas aún cuando deseabas que permaneciera bien agarrado a ellas.
A ti, que te dejaron morir de frío cuando implorabas un abrazo.
A ti, que te enmudecieron con la ausencia de unos besos descaradamente deseados.
A ti, que te maltrataron con la indiferencia cuando más presente anhelabas estar.
A ti, que te desnudaron despacio arrancándote las prendas que te cubrían de mentiras. 
A ti, que por arriesgarlo todo te quedaste sin nada.
A ti, sí, a ti...y a tantas muchas otras.
¡Sonríe! Sí, sonríe, porque aquel que te dijo palabras hirientes quizá no sepa comprenderse. 
Sonríe a la luna, que hace realidad los sueños y sí no los tiñe de oportunidades para avanzar.
Bienvenidas sean tus tristezas, esas que sin querer te darán la entereza.
Bienvenido el sufrimiento y el apasionamiento, que en una nueva piel mutará.
Bienvenida cada lágrima salada que de ti compondrá al mar... Y bienvenidas las despedidas y con ellas las heridas que poco a poco sanarán.
¡Sonríe, mujer! Sí, sonríe, porque bienvenida es tu sonrisa y el milagro de que vuelva a florecer.

martes, 26 de agosto de 2014

Sueños

La torpeza se apodera de mis dedos temblorosos, esos que cuando llegan a tu boca se deshacen en el deseo de tocarla. Lástima que estés muerto y mis caricias no ericen una piel inerte que yace bajo mis sábanas, esas que también se niegan a deshelarte con el calor que fragua en mi interior. Mis labios recorren intranquilos los recovecos de tu alma, llamándote, pidiéndote que vuelvas a cruzar al otro lado y te alejes de la luz...por mucho que brille, por mucho que incite. Y voy muriendo en la desesperación de no dar vida a un corazón brioso que ha decidido contener los latidos como un niño mal criado que contiene la respiración por una rabieta. Y se tiñe todo de negro, tu sentir, mi pesar. Descendemos. Me miras. Sonrío, y entiendo que nunca exististe y que yo vivo de sueños. Amanece y te vas, me despido con un hasta luego, ya que por costumbre o necedad, en mis sueños noche a noche te vendrás a enredar.